Photography by Jeremy Lishner
18 de agosto del 2021
¿Qué somos, si no el producto de la integralidad de los sentidos? ¿Una vista que prevalece sobre la razón? ¿O acaso es una cuestión perceptiva de la interpretación de los hechos?
Al hablar del humano, es indefectible que también se hable de lo más primitivo de este: su carácter fenomenológico al actuar a través de sus pasiones y deseos, así como del ecosistema natural y social en el que ha venido conviviendo.
Alguna vez, mientras trabajaba, se abrió la brecha del descanso mental. De esos instantes en que uno se queda mirando a la nada, pero pensando en todo.
Luego de unos tantos sonidos, me di cuenta de que, en mi ventana, al lado derecho, donde podía visualizar la calle, había en el interior de mi oficina una mosca golpeándose contra el vidrio del ventanal, intentando salir a través de este, con ese zumbido único que producen cuando se enfadan.
Decidí tomar unos minutos para analizar tal acto e interiorizarlo un poco más en mi vida. Quizá, y así, en esos pequeños detalles naturales, se pueda llegar a las reflexiones necesarias para recordar.
La mosca, en su empeño por querer salir, se golpeaba tantas veces como pude contar. Pensando que estaba fuera, no podía comprender cómo sus grandes y anaranjados ojos la desmentían cuando su cuerpo, brusca y rápidamente, se estrujaba con una forma casi invisible: el vidrio.
Con tal convicción, la mosca seguía intentando una, y otra, y otra vez. A pesar de sus ya agotadas alas y el esfuerzo que implicaba estrellarse, esta seguía con su idea de que atravesaría algo que, si bien una parte de ella le decía que "no está", otra le advertía de su imposibilidad al querer salir.
Luego empecé a cavilar. El vidrio ni siquiera puede interpretarse como en materia, lo que es. Es más que ese plasma estático transparente que se ve, que se toca, que se escucha y hasta ese sonido que se reconoce a leguas. El vidrio tomará el significado que le queramos dar; siendo indetectable al principio, luego de tantos golpeteos dudaremos de por qué no logramos atravesar ciertos caminos o situaciones.
Como era de esperarse, llegué a la conclusión de que la mosca no tenía instaurado en su consciencia primitiva que, por más que intentara, no lograría sobrepasar lo que sus grandes y miles de diminutos ojos le decían: volar a través de algo que, aunque no se ve, claramente se siente. Coincidencialmente así somos algunos humanos: no vemos más allá de lo que nuestras impulsivas emociones, en un primer momento, nos dicen que es lo correcto.
En términos masivos, es aplicable a cualquier situación mundana. Como los vidrios, existen algunas personas que, a pesar de que están en nuestro círculo social y rutinario, creemos que estar con ellas, es y ha sido sinónimo de "felicidad y estabilidad"; pensamos que son funcionales en nuestras vidas, pero seguimos preguntándonos por qué no logramos concebir, nuestra falta de satisfacción o sentirnos enteramente plácidos con estas relaciones y vínculos. Supe entonces que así es el sufrimiento, los miedos, la conformidad, la ansiedad, los problemas, las inseguridades, los juicios, las personas, las relaciones, las ideas, las creencias, e incluso ciertas actividades. Hasta podríamos hablar del reflejo y el ego. El espejo, a diferencia del vidrio, aunque siguiese siendo un dique para traspasar el otro lado, este no nos muestra lo que está detrás, sino el reflejo de lo que ante él se pone: nosotros mismos. Y no es lo que nosotros queramos ver, sino lo que él nos muestra en su realidad.
Al final, todos estos aspectos se camuflan en la invisibilidad de lo "normal", lo "apenas notable", la "costumbre" de nuestros ojos y nuestra vida. Podrás decirte con argucia que es algo que podrás pasar, dominar y atravesar, pero como realmente no lo tocamos, más que sólo lo percibimos con un sentido, creemos controlarlo.
Así es la verdad contrapuesta con la mentira: nos inventamos una supuesta verdad que queremos, que deseamos, y que sobre todo no dejamos desvanecer o siquiera permitimos dudar porque sea falsa, dada su vidriera que parece "Sana"; pero en el fondo, es algo que se sufre pasivamente. Ahora, y concibiendo la oportunidad de traspasarlo, la mejor forma de afrontar el conflicto es, primero, comprenderlo, aceptarlo y luego transformarlo.
Como cualquier vicisitud en la vida, todo tendrá una salida... siendo metafórica e inventada, pero la hay. Dejé de mirar la mosca y me reincorporé en el trabajo que se me había acumulado por estar embelesado viéndola.
Después de que me levanté para entregarle a mi compañera de trabajo unos informes, me comentó:
-Estos insectos molestan y molestan, para después estar en todas partes- , señalando una mosca, fuera, en la parte exterior del vidrio. Fue entonces que comprendí que, una vez interiorizado el problema, será más fácil atravesar la duda y salir con lo real de nuestros deseos.
Y ustedes, ¿Qué vidrio creen que han tenido y hasta ahora se dan cuenta de él?